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COSAS QUE PUDIERON SUCEDER EN EL REX (4) WEST SIDE STORY. ¡COLABORA Y VOLVEREMOS A VIVIR COSAS PARECIDAS!

Cosas que pudieron suceder en el patio de butacas del cine Rex pero que probablemente no sucedieron nunca.

Esta sección es de sucesos legendarios que es posible que nunca sucedieran en el cine Rex, por eso pido su reapertura, para comprobarlo.
Ayuda en su defensa judicial enviando un bizum al 630913041 con el concepto «contencioso Cine Rex».

Una historia de amor en el cine Rex durante la proyección de West Side Story

Eran los primeros días de 1962 y la plaza de Cetina se veía abarrotada de colas incesantes. Clara, aún en la plaza de santo Domingo, ajustó su bufanda y se apresuró hacia el Cine Rex. Las farolas lanzaban destellos dorados sobre los charcos, y en la marquesina brillaban las letras rojas: “West Side Story”. Había escuchado hablar de la película como de un milagro que sucedía en Nueva York, con música, bailes y un amor imposible.
Dentro, el aroma a butacas de terciopelo viejo se mezclaba con el de las castañas asadas que un vendedor de avanzada edad ofrecía en la puerta. Clara tomó asiento en la penumbra, entre familias y parejas jóvenes que cuchicheaban con entusiasmo.El cine olía a tabaco reciente e ilusión. La calefacción apenas vencía el frío, pero cuando las luces se apagaron, el cine se transformó en un portal hacia otro mundo.
En la pantalla, los Jets y los Sharks desafiaban el silencio con pasos de danza que parecían incendiar la sala. Clara sintió que caminaba también por esas calles lejanas, donde el amor podía ser tan poderoso como el odio. Cada acorde de Bernstein le retumbaba en el pecho, y cuando María y Tony se miraron por primera vez, notó un nudo en la garganta.
Hasta le pareció vislumbrar las dos pandillas, una procedente del centro y otra de san Antolín, que se miraban fijamente haciendo chasquear los dedos
A su lado, una anciana suspiró: “Es como Romeo y Julieta, pero bailado”. Clara sonrió sin apartar los ojos de la pantalla. No sabía si lloraba por la tragedia de los personajes o por la certeza de que el mundo podía contarse desde una pantalla con tan solo música y movimiento.
Cuando el telón de la pantalla se cerró y las luces se encendieron de nuevo, nadie se levantó de inmediato. Afuera seguía el frío, pero el público del Cine Rex había compartido, por dos horas y media un calor distinto: el de una historia que no se olvida.
Había sucedido, cómo no, en el cine Rex, y ella pensó: quiero un cine Rex vivo para siempre, adelantándose 60 años al grito de la plataforma. #cinerexvivo #CineREX

Pascual Vera

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